España es el país pionero en Europa en materia de agricultura ecológica. Con más de 100.000 hectáreas cultivadas, la tendencia se ha acelerado, gracias en particular a los viñedos de Castilla-La Mancha (donde el 50% de las viñas son de cultivo ecológico). Por lo tanto, no es sorprendente que el trofeo al mejor vino biológico vaya a un viñedo de esta región. Se trata de Palarea, una pequeña bodega familiar que recibió el premio para su vino tinto 2017.

La bodega está situada en las montañas de Chinchilla a una altitud de 900 metros. Rodeada de robles y plantas aromáticas como el romero, el tomillo y la lavanda, la Bodega Palarea ha mantenido toda la autenticidad de una bodega familiar. Como explican los propietarios, “la bodega es una construcción rústica en un entorno rural y natural. En su construcción se han utilizado materiales regionales, pero con la más moderna tecnología para la producción del vino.” Los productores están atentos al control de la producción durante todo el proceso.

“Recibir este premio internacional es una inmensa satisfacción para nosotros, porque reconoce el trabajo duro y el deseo de contribuir a preservar y mejorar nuestro entorno.”

La importancia de lo biológico

La bodega ha estado produciendo vinos biológicos desde hace varios años y le da gran valor a este método. “Es importante que protejamos nuestro medio ambiente evitando los pesticidas y productos químicos que son perjudiciales para nuestra salud. Recibir este premio internacional es una inmensa satisfacción para nosotros, porque reconoce el trabajo duro y el deseo de contribuir a preservar y mejorar nuestro entorno.” En cuanto al cultivo, el suelo calcáreo y poco compacto proporciona a las viñas las características adecuadas para variedades de uva como la Cabernet Sauvignon, la Merlot, la Syrah y, por supuesto, la variedad de uva más emblemática de España: la Tempranillo.

Palarea 2017

El trofeo de este año premia la añada 2017 de la bodega, un vino con aromas de flores y frutos rojos con toques de café y tostado, suave y especiado. La crianza resulta también muy importante, después de 15 meses de maduración en barricas de roble francés, el vino permanecerá 24 meses en botella. “El producto final es un vino redondo y equilibrado con un buen fresco consecuencia de la altitud de nuestro viñedo.”